Ya voy al cole de los grandes
Llegué por fin a los Sagrados Corazones, ¡fue mi primer colegio! Veréis cómo me lo pasé.
Cuando llegué aquí, conocí a mi profesora, que me enseñó muchas cosas. La primera sensación fue sentirme a gusto, me quería mucho, era cariñosa, y estaba siempre cuando la necesitaba, uff...¡menos mal! Ella me tranquilizó. Luego conocí a mis amigos, con ellos aprendí a dejar mis cosas, a respetarnos, y poco a poco... a querernos mucho.
Entre otras cosas, aprendí un montón de canciones; gracias a ello me inicié en el ritmo y en la entonación, así como en los instrumentos y en la audición musical. Adquirí vivencias y destrezas: reconocía ritmos naturales, como la lluvia y mi corazón; y otros artificiales, como el reloj o el sonido de un tambor. Discriminé también intensidades y duraciones. A veces tocábamos fuerte, a veces suave. A lo mejor deprisa, a lo mejor despacio...
La verdad, no sé qué me gustaba más, porque cuando descubrí la psicomotricidad mi cuerpo adoptaba posturas: de pié, sentado, de rodillas, tumbado, piernas arriba, abajo...Mi profe nos mareaba pero ¡eso nos encantaba! Después ejercicio. marcha, carrera, salto, en cuclillas, a cuatro patas, de puntillas, con talones...Me desplazaba de mil maneras y lo que más me gustaba era dar botes y más botes, pero me cansaba mucho, por eso cuando nos decía que nos sentáramos todos pensábamos: ¡qué bien, toca construcciones!
De modo que mi expresión artística empezó a desarrollarse. Así conocí eso que llama Espacio Tridimensional: volumen, formas y composiciones. Podía hacer con ello aviones, puertas, torres, carreteras, castillos...Mi imaginación daba mucho de sí ¡Yo mismo me sorprendía! Me esforcé por aprender a ordenar, que si el azul es más grande que el amarillo, que si el verde no cabe dentro del blanco ¡Menudo lío! Menos mal que mi profe siempre me ayudaba. Algo más sencillo eran los encajables, con ellos empecé a hacerme hábil a través de las manos ¡no veáis cómo se movían mis dedos!
Y al año siguiente, después de mis vacaciones volví al cole y para mi sorpresa tenía una clase nueva, pero mi profe seguía siendo la misma, pero un poquito más morena. Mis compañeros eran los mismos y además tenía amigos nuevos. Los primeros días no hacíamos más que hablar de nuestras vacaciones: que si había aprendido a nadar, si había montado en barco, etc. con ello desarrollábamos la Comunicación. Adquirimos un nivel de vocabulario más alto, comprendíamos los mensajes, aprendíamos a pronunciar correctamente y nos ayudaban a expresar nuestras ideas, sentimientos y deseos ¡Menudas tertulias nos montábamos!
Me acuerdo que llegó el otoño.. No hacían más que hablarnos de cómo se caían las hojas, pero ya os lo contaré, que ahora tengo que descansar...(continuará)