"Mirad -dice
el Señor de la Vida-,
yo pongo en medio de los pueblos a mi Hijo,
el que no usa más violencia que la del amor,
ni desata más guerra
que la necesaria para vencerse uno a sí mismo.
A éste le daré la herencia del Mundo Nuevo;
a éste le abriré los tesoros
de la paz que florece entre cantos y abrazos,
entre abundante cosecha de esperanza
y fiestas de fraternidad universal;
¡y no entre ruinas y llantos
por la victoria del más fuerte!".
¡Felices los
que construyen la paz con la justicia
y la justicia con el amor!